sáb
18
feb
2012
“Me muero”. Ésta fue la respuesta cuando el médico de guardia en Urgencias me preguntó que qué me ocurría. Y es que la primera vez es terrible. Precisamente por no saber qué está pasando. Taquicardias, nauseas, falta de aliento, mareos, desmayos, parálisis en brazos y piernas… es una lista interminable la que enumera los síntomas de un ataque de ansiedad.
Depresión, estrés, ansiedad… la enfermedad del siglo XXI. Numerosos tratamientos de la medicina occidental. Antidepresivos, ansiolíticos, terapia…
No soy médico ni psicóloga; tan solo una mujer de 37 años que lleva soportando esta losa desde los catorce. Neurólogos, psicólogos, psiquiatras, terapia de grupo para personas con trastornos de la alimentación; a esta última me llevó un diagnóstico de anorexia nerviosa. Ésta ha sido mi lucha desde hace tiempo, demasiado.
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Altibajos constantes en lo que yo pensé que era una enfermedad crónica. Soy yo, es mi cerebro, mi sistema nervioso que me juega malas pasadas. Tendré que aprender a vivir con esto.
Así fue hasta hace unos meses. Con mi tercer hijo, de apenas cuatro meses de vida, decido apuntarme a un cursillo de “Masajes para bebés”. Alguien entró en el mismo establecimiento donde yo estaba. Ella llevaba a su hija de dos meses pegada a su pecho en una mochila marsupial y comenzó a hablarme de un grupo de crianza que estaba formando. ¿Por qué no?-me dije. Al fin y al cabo no estaba trabajando y no me vendría mal relacionarme con otras madres.
Así empezó mi relación con Alba Cabrera Wentzien. Una mujer que, pese a sus 24 años, tiene más recorrido que muchas de 40. Y eso se refleja en su mirada; una mirada madura, inteligente, serena y dulce. De fuerte carácter, trabajadora, luchadora, constante y directa. Madre de tres niñas, con tres, dos y menos de un año respectivamente. Educadora en Masaje Infantil por el IAIM, quiromasajista, especialista en tratamientos con Flores de Bach y Doula. Y, por supuesto, en continua formación.
Fiel a su empeño por demostrar que la curación del cuerpo comienza por la curación del alma. Que estamos en continua evolución, que todo forma parte de un proceso, que para nuestro aprendizaje necesitamos desprendernos de esa pesada mochila que cargamos en nuestros hombros repleta de asuntos pendientes que nos hieren y no nos permiten avanzar.
La primera vez que acudí a una reunión del grupo de crianza fue toda una revelación. Fui capaz de hablar de mis miedos, mis inquietudes y mi desesperación. Mi menté comenzó a abrirse y a entender que existe algo más, algo diferente a todo lo aprendido; algo que no tiene nada que ver con psiquiatras, ansiolíticos ni antidepresivos. Existe otra alternativa y, lo más importante, es posible salir de esto.
¿Cómo empezaste en esto?
Tengo que volver atrás en el tiempo que, aunque no ha sido demasiado, sí que ha sido intenso. La vida me ha ido trayendo hacia aquí por mis propias inquietudes y mi entorno actuaba de la forma justa para mirar en otra dirección que no era la común. Sentía que no encajaba en los estudios, no entendía por qué tenía que memorizar cosas que no me interesaban en absoluto. Pero sí sabía que quería ayudar. Así empecé a trabajar en la hostelería y ahí empecé a aprender el trabajo del servicio, la atención, la perfección y el empezar constante. Aprendí mucho. Tuve la oportunidad de conocer distintas facetas y personalidades del ser humano, aunque no por ello los aceptaba a todos.
Fumaba mucho tragándome mis angustias en cada calada. Tenía problemas con mi madre que, por cierto, utilizaba las Flores de Bach para intentar llegar a mí. Pero no fue hasta algún tiempo después cuando me metí de lleno en esto a través de un reencuentro con una amiga. Hice una formación de dos años con Luís Jiménez. Algo me decía que allí estarían todas las respuestas a mis preguntas. Algo me estaba llamando. Ahí es cuando empezó mi verdadera revolución.
Llama la atención que, pese a tu juventud, tengas ya tres hijas
Siempre tuve un fuerte instinto maternal; con quince años ya soñaba con mis hijas y a los veinte estaba embarazada de la primera. En mi mente existía un mundo ideal con respecto al embarazo y la crianza.
¿De ahí tu trabajo como Doula?
Me parecía mágico y alucinante el proceso de gestación, la belleza de cada mujer embarazada... No sabía que este embarazo tanto me iba a marcar ni cuantas emociones iban a emerger, la aceptación de los cambios en mí... Era como ir dejando de ser "yo" para ser "otra"¿pero qué otra? ¿Quién era? ¿Y cómo naces nueva en ti si "eres ya algo"?
No entendía nada. Me sentí sola y no sabía qué hacer. Quería tener un parto natural pero no conocía a nadie que me pudiera ayudar y a todo el entorno le parecía otra locura mía. Entre miedos me iba guiado por mis instintos. No quería intervenciones ni pruebas innecesarias y encontré plan de partos en internet.
El caso es que no me preparé de forma rutinaria para el parto y, cuando éste empezó, el miedo se apoderó de mí y terminó siendo una experiencia traumática. Oxitocina, rotura de membranas, episiotomía, desgarros, inicio de la lactancia hora y media después… Yo pensaba “¿Y ésta es la experiencia más bonita de tu vida?” Si el embarazo ya había sido duro, cómo expresar que " lo más bonito del mundo no lo estaba viviendo", que sentía rechazo por ese bebé que lloraba traumatizada día y noche, que los dolores que sentía iban más allá de mi cuerpo físico; y otro cientos de emociones que guardé, porque es tabú.
Quedé tan marcada que mi visión del embarazo y el parto cambiaron radicalmente. Pero el destino quiso que me quedara embarazada por segunda vez. Tal era mi rechazo que no reconocí ni acepté mi embarazo hasta el cuarto mes de gestación. Entonces supe que éste tenía que ser diferente.
Un día recibí un correo de una formación de Doulas, que era justo lo que yo estaba buscando.
¿En qué consiste exactamente?
Una Doula te acompaña, te sostiene, te informa. Te ayuda a recuperar tu propia sabiduría y confianza en el camino hacia el maternaje/paternaje. Por ello estos talleres están enfocados a Embarazadas y acompañantes y parejas que lo deseen. Incluye la conciencia de la importancia de la implicación de la pareja desde el inicio del embarazo, reflexiones, trabajo en la confianza emocional y física, postparto, crianza del bebé… Es sumamente importante romper esa barrera que aísla la maternidad.
Háblame de los tratamientos con masaje que haces
Se trata de un masaje con piedras de cuarzo y obsidiana. Desbloquea y limpia la energía, facilitando la transformación y el cambio, desarrollando la voluntad del Ser. Trata insomnio, estrés, depresión, ansiedad, miedos, alergias, problemas de circulación, migrañas y un gran número de síntomas ocasionados por los bloqueos en los chakras, que son los centros energéticos principales. Tienen su base en el masaje Kundalini, y yo le he ido incorporando más cosas, flores, cuenco, reiki… Es increible el efecto de desbloqueo y los resultados obtenidos.
Hablar con Alba es una ventana que se abre y deja pasar un soplo de aire fresco, puro. Y en cada bocanada sientes que respiras, que estás viva, que es realmente posible desaprender y volver a educar tu mente guiándote de unos instintos que, por la educación, la sociedad o el qué dirán, tenemos escondidos.