lun
20
feb
2012
La mayoría de los malagueños y, mucho menos, el resto de los mortales, desconocen que hay detrás de ese nombre. Si entráis en Internet os encontraréis una página sencilla en la que se reconocen los rasgos fundamentales de la institución radicada en dicho cortijo ubicado en las afueras de Churriana. Una escueta explicación manifiesta cual es su objetivo: el tratamiento integral de los enfermos del SIDA. Así se expresan en dicha página:
“El SIDA no es un hecho exclusivo de los sectores sociales en exclusión, pero, es en estos colectivos donde las consecuencias, son si cabe más graves, pues las posibilidades reales de acceso al conjunto de recursos necesarios para cubrir el objetivo de la "calidad de vida" son más complicadas. Pretendemos darle el valor a la dignidad de la persona independientemente de sus circunstancias personales, creencias, etc. La enfermedad es sólo una circunstancia y no el centro de la persona. En estos últimos años, paralelamente a los avances que la ciencia ha experimentado en el campo de los tratamientos de esta enfermedad, las necesidades de muchas personas que viven en "Colichet", han ido evolucionando desde una demanda principalmente sanitaria, a otra con un mayor carácter psico-social. Así, el concepto de "normalización" se ha ido ampliando cada vez más a los aspectos psicológicos y sociales de estas personas. Han dejado de ser claramente enfermos terminales para ir propiciando en ellos un proyecto de vida con, prácticamente, todas las posibilidades de re-inserción social. La Casa de Acogida "Colichet" seguiremos evolucionando para desarrollar con eficacia esta tarea evangélica, creyendo firmemente en las posibilidades de integración de todas las personas”.Como resumen; en Colichet cuatro ángeles con apariencia de monja aplican un tratamiento integral a los enfermos de SIDA.
Este programa de trabajo es uno de los muchos que realiza la Iglesia Católica. En este caso se trata de una Comunidad de Hijas de la Caridad. Nace a petición de un grupo de médicos del Hospital Carlos Haya que se ponen de acuerdo con el Obispo y con Caritas Diocesana. Desde entonces cuatro monjas de la Orden de San Vicente de Paúl se hicieron cargo de esta misión y en ella siguen. Con su ejemplo, nos han enseñado a muchos malagueños a convivir con una enfermedad desconocida que “goza” de una excesiva mala prensa.
Mi buena noticia de hoy la constituyen estas mujeres que desde el silencio siguen dando calidad de vida a esos enfermos a los que la sociedad margina especialmente. Esa casa y la vecina “El buen samaritano”, también regentada por Caritas, son un ejemplo para todos del amor vivido de forma evangélica y nos proporcionan un respiro entre tantas noticias de egoísmo e insolidaridad. De hecho, me consta que uno del os sacerdotes de nuestra Diócesis, al que conozco muy bien, cimentó su vocación ayudando a estas monjas en sus ratos libres.
Que les pregunten a ellas si echan de menos ser madres o dar y recibir cariño. Benditas sean.